El detalle decorativo

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Artículo del guía: Patricia Ferrari
Comunidad de Decoración de Temalia
Fecha de publicación: 27/02/2002


Generalmente el salón es una de las zonas más grande de la casa, la que tiene paredes más amplias y diáfanas y aquella en la que se pone especial cuidado a la hora de decorarla. Es un espacio donde la luz natural, las plantas, los cuadros y las luminarias cohabitan en armonía. Y donde también nos gusta lucirnos a la hora de incluir ese detalle especial que hará único nuestro salón. Tradicionalmente el lugar para colocar esa pieza que nos gusta ha sido encima del sofá. Es un sitio protagonista dentro de esta estancia, que se ve a primera vista y suele compartir escena con la librería. Pero no es el único.


La pieza adecuada
Cualquier pieza vale para dominar el panorama visual de nuestro salón. Ya sea por su por su valor artístico, económico o sentimental. Una máscara, un óleo sin enmarcar, un grabado enmarcado, un tapiz, una alfombra antigua, una serie de láminas o una colección de fotos en blanco y negro. Hay una infinidad de objetos que se prestan para ser el centro de las miradas. Quizá tengamos una colección de llaves o de sombreros antiguos que estamos deseando mostrar por su belleza e historia. O una colección de sellos, de monedas, de billetes o de revistas antiguas. O un retrato entrañable. Una vez estudiado el espacio y escogido el objeto sólo queda ver si el soporte elegido para exponerlo es el adecuado.

Si quizá nos gusta cambiar de objeto de vez en cuando, es recomendable colocar un carril empotrado o un listón de madera para poder colgar de allí cualquier tipo de pieza, así con los posteriores cambios no se estropea la pared. Este artilugio puede pasar desapercibido, teniendo el mismo color que la pared por ejemplo, o también se lo puede destacar, formando el contrapunto de la figura escogida. Otro tema importante es la iluminación. Con ella pasa exactamente lo mismo que con el punto anterior: primero hay que elegir el foco adecuado y la luminaria, y luego ver si queremos que ésta forme parte del conjunto o esté oculta en el salón sólo cumpliendo la función de iluminación, sin participar de la composición estética.


La mejor ubicación
Es importante no recargar todas las paredes, porque sino la sensación de agobio puede ser grande. El equilibrio aquí es fundamental. Es una buena idea escoger aquella pared que se vea mejor, o que nos guste por su tamaño, ubicación o por la luz que tiene. El segundo paso es probar el objeto seleccionado. Si vemos que por si mismo equilibra y compensa el espacio, no hay más que hablar. No tengamos reparo en dejarlo solo si el peso formal es tal que se basta y sobra para cumplir con su objetivo.

Por el contrario, si sentimos que la pieza queda un poco huérfana, por tamaño o por color, lo ideal es compensar esa falta equilibrando formalmente esa carencia. Puede ser con una composición en el lado opuesto de la misma pared o con una mancha de color, de ese que le está haciendo falta, para lograr la armonía con el resto del conjunto. Esa mancha puede estar dada como vimos más arriba por la luminaria, o por otro objeto que destaque por su coloración. Siempre estamos hablando de distancias cortas, y de formar grupos dentro de la misma zona, que se puedan abarcar con la mirada, sin necesidad de girar la cabeza.


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ISSN : 1578-049X