Artículo del guía: Patricia Ferrari
Comunidad de Decoración de Temalia
Fecha de publicación: 20/04/2001
Tras el porche de la casa o el descansillo de la escalera inequívocamente
se llega a un espacio común que ordena el acceso a las distintas partes
de la casa: el recibidor. Éste comunica con el salón comedor, la zona
de servicio y el paso a los dormitorios. Según sea el tipo de vivienda,
tendrá mayor o menor medida y protagonismo.
El distribuidor es el espacio público de la vivienda, ya que en él se
reciben determinados servicios que no tienen acceso al resto de la
residencia, como el correo o el reparto de la compra. Es una zona de
paso, de llegada. Ahí se dejan los abrigos, el paraguas, los bolsos, a
veces incluso los zapatos. Todos aquellos accesorios que se necesitan
para desenvolverse fuera de la casa, pero de los que es preciso
despojarse al llegar a ella para entrar con libertad al área privada.
Pocos metros cuadrados
Muchas veces sólo se cuenta con poco más de un metro cuadrado para el
recibidor. Por tanto, es una dura tarea intentar ganar espacio allí
donde no lo hay. La solución idónea es conseguirlo por efectos ópticos
y psicológicos, ya sea con la instalación de un espejo, con el color o
con la textura de las paredes.
Los colores fríos por asociación con el agua son el azul, el violeta y
el verde. En tonos suaves expresan delicadeza, frescura, infinitud y
expansión. Los colores fríos distancian, mientras que los cálidos
atraen. Por eso, para una estancia pequeña se utiliza la técnica de
pintarla con un color frío y único, siempre en matices claros, para
conseguir así el efecto de agrandarla visualmente. Otro clásico para
lograr este efecto es el blanco, también utilizado en puertas y rodapiés.
El distribuidor en un piso suele carecer de luz natural propia, por lo
que es un recurso habitual colocar cristales en la puerta del salón
comedor para recibir iluminación indirecta. La máxima claridad
proviene de pintar el cielorraso de blanco, con una capacidad de reflexión
del 60% de la luz recibida. Es bueno que éste no supere los 2,5 m de
altura, ya que un techo excesivamente alto empequeñece aun más un
espacio pequeño. Un recurso eficaz es bajarlo con placas de escayola.
En cuanto al mobiliario y los accesorios, al carecer de sitio lo ideal
es colocar un mueble multifuncional, que sirva como perchero, paragüero
y consola a la vez. Un espejo antiguo con marco de madera armonizando
con el ambiente puede aportar calidez a los colores fríos sin contraer
el espacio.
En un chalet o dúplex
El distribuidor por lo general está diseñado en proporción con el
resto de la vivienda. En un chalet, una casa grande o un amplio piso es
una habitación más para replantear y amueblar. Muchas veces cuenta con
luz natural propia. Quizá nazca en él una escalera para una segunda
planta, o se incluya un escritorio y un pequeño sillón. Estos ejemplos
dan una idea de los diferentes tamaños que puede tener.
Si se posee espacio y claridad, se pueden utilizar colores más puros y
en matices más fuertes. La división horizontal de los paramentos
verticales ayudará a crear una zona rica en texturas y formas. Se puede
dividir la pared en dos áreas, separadas por una delicada moldura. La
parte inferior se realza colocando un zócalo de madera, empapelando,
pegando tela o pintando de un tono más oscuro con respecto al que
llevará la parte superior.
No es necesario darle el mismo tratamiento a todas las paredes, ya que
sería monótono. En unas se puede poner un friso y en otras, sólo
pintura. Se puede elegir uno de los paramentos para ubicar un cuadro
importante o una composición de ellos. Conviene que la iluminación sea
diversa, lo cual se consigue instalando bañadores de pared en el techo,
un aplique para cuadros en la zona de exposición, una lámpara de mesa
sobre el escritorio y un plafón en el acceso al distribuidor. Si existe
una ventana, se puede colocar un visillo o un estor traslúcido que
preserve la intimidad del recinto. No es preciso oscurecerlo al ser una
zona de paso.