Primeros pasos para una rehabilitación
Artículo del guía: Patricia Ferrari
Comunidad de Decoración de Temalia
Fecha de publicación: 06/03/2002


El turismo rural, la segunda vivienda en la sierra o la necesidad de volver a tener contacto con la naturaleza han hecho que la venta de pajares, corrales y casas de pueblo se dispare. La oferta es muy variada. El precio final depende de la zona, del estado del bien, del entorno, de los servicios, de los metros cuadrados y de los accesos. Lo mismo ocurre con la rehabilitación. Si se ha adquirido un elemento protegido o antiguo la rehabilitación será más costosa. Por el contrario, si no lo es, será mucho más fácil acometer la tarea de reformarla, teniendo en cuenta eso si, las pautas urbanísticas del municipio.


El peor enemigo, la carcoma
Según el diccionario de la Real Academia Española carcoma es el “nombre que se aplica a diversas especies de insectos coleópteros, muy pequeños y de color oscuro, cuyas larvas roen y taladran la madera produciendo a veces un ruido perceptible” y es casi inevitable encontrase con que este bichito se ha comido parte de la estructura de madera de la cubierta, vigas y columnas. Si este es el caso es importante contar con el asesoramiento de un experto para ver si la carcoma está activa aún. Y estudiar qué pieza puede salvarse, cual puede recuperarse y por último cual es imprescindible cambiar.

No sólo estamos hablando de estética, ya que incluso los agujeros le dan solera a las vigas antiguas, sino de seguridad. Al ser un elemento estructural el atacado puede estar en juego la integridad del elemento y no cumplir con su función. El valor económico e histórico del edificio dará la pauta para la intervención. El tratamiento anticarcoma es costoso.

Generalmente no basta con barnices especiales, sino que hay que inyectar el producto específico agujero por agujero o incluso recurrir a tratamientos más sofisticados. Por lo que en estados críticos a veces es más rentable sustituir las piezas por otras nuevas, manteniendo la forma de construir. Generalmente son los profesionales de la zona los más cualificados para emprender esta tarea, ya que conocen a la perfección la técnica y la tradición.


Los rastros y mercadillos locales
Siempre es bueno documentarse sobre la edad del inmueble, el tipo de construcción, los materiales utilizados originariamente y las técnicas aplicadas. Aunque no sea obligatorio, es bueno recuperar la construcción siguiendo las pautas originales. Eso no quiere decir que no se puedan incorporar las última tecnologías, ni mezclar estilos. Pero teniendo toda la información es cuando se pueden tomar decisiones y acometer el proyecto de rehabilitación.

Una vez superado este paso, los rastrillos y mercadillos de los pueblos son una gran ayuda para conseguir puertas y ventanas antiguas, sillas, cantareras y cántaros típicos, trillos y utensilios. Mi recomendación es que no se caiga en un exceso de folclore, porque seguramente tampoco esa fue la idea en origen, pero sí que se rescate la esencia y el sabor antiguo en la ambientación. Aunque sólo sea sutilmente. Luego esa sensación flota en el espacio y se mezcla con los materiales nuevos e incluso con el toque atrevido que se le quiera dar.


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ISSN : 1578-049X