Nos hallamos
en una vivienda de dos años de antigüedad, situada en el suroeste de
Madrid. Sus nuevos propietarios decidieron reformarla para darle un aire
nuevo, a su gusto, y también para pintar, ampliar la instalación
eléctrica, colocar armarios empotrados e incorporar el aire
acondicionado.
Las
ideas
Calidez y comodidad.
Juego de luz y color.
Un toque delicadamente rústico, acorde con la zona.
Nada
más entrar al salón nos
encontramos con un suelo en damero, negro y blanco, que contrasta con
el resto del de la vivienda, que está solada con una cerámica rústica
color terracota. Las paredes son blancas y una de las primeras
ideas que surgen es darle unidad al suelo y color a todas las
estancias. Sus habitantes querían conseguir ambientes con calor, que
armonizaran con los muebles de pino y los detalles rústicos.
Por lo tanto se cambió el suelo del salón y se construyó una librería a medida,
con los huecos que ellos precisaban para albergar los altavoces, el
equipo de música, los CD y diversos objetos decorativos. También
se colocaron en una falsa jácena halógenos empotrados con regulador de
potencia para poder iluminarla según la
ocasión.
El
amarillo combinó a la perfección con los muebles de pino y las
cortinas de hilo. Se colocaron vigas de pino en el techo para
completar la sensación buscada, inspiradas en las viviendas más
antiguas del pueblo.
No
había armarios empotrados, por lo que se instalaron intentando
aprovechar al máximo el espacio disponible y siguiendo con la misma
línea de diseño que el resto de la vivienda.
Aquí
vemos el del dormitorio de matrimonio.
El
hueco de la escalera, enfrentado a la puerta de entrada, también fue
cerrado para conseguir un recibidor más ordenado y atractivo.
El
estudio fue tratado siguiendo las mismas pautas. Ya que la estancia
era pequeña se eligió el blanco para esta ocasión.
Para
la cocina, que haría las veces de comedor, se escogió un naranja
luminoso, y se instaló una campana exenta en acero inoxidable. No se
colocaron muebles altos, sólo el de la caldera y se mantuvieron los
bajos existentes. Se taparon las tuberías vistas de la caldera y de
la campana.
En
el dormitorio de las niñas se colocó un friso de pino haciendo las
veces de cabecero y las paredes se pintaron de verde manzana, un color
alegre y también luminoso, al gusto de sus dos pequeñas habitantes.
Por
último, decir que se consiguieron los objetivos perseguidos, logrando
espacios llenos de vida, cálidos y funcionales