Artículo del guía: Patricia
Ferrari Comunidad de Decoración de Temalia
Fecha de publicacion: 13/02/2002
Ya hemos visto
que tan importante es la lámpara como la luminaria. En este
artículo, vamos a tratar las luminarias sin dejar de lado, por
supuesto, todos los consejos previos sobre focos, lámparas, reflejos
y deslumbramientos que hemos repasado. En la elección siempre hay
que tener en cuenta el tipo de pantalla, cómo arroja la luz, qué
tipo de lámparas admite, el material con el que está fabricada, la
homologación que tenga, y por supuesto el sitio y la función que va
a cumplir.
Directas o indirectas Estos
conceptos son muy sencillos. Por ejemplo: la lámpara de pie del
salón, que tiene orientada su pantalla hacia el techo da una luz
indirecta que nos llega por la reflexión de éste. La mayor o menor
pérdida de rendimiento depende del color y textura del mismo. El
blanco siempre devolverá más luz. La luminaria de techo que cuelga
sobre la mesa da una luz directa sobre la zona de trabajo. Pero
también existen otras mixtas, como por ejemplo apliques de pared que
iluminan hacia arriba y hacia abajo dan una lágrima de luz,
acentuando una pieza o sólo por decoración. Y lo mismo sucede al
revés, existen las que iluminan hacia abajo y solo dejan escapar un
haz hacia el techo. Y otras como las de pie que se colocan junto a
un sillón, que dan una iluminación general al lugar iluminando el
techo y luego tienen una lámpara halógena directa sobre la zona de
lectura.
Si hablamos de aparatos para exterior, por ejemplo
para un jardín, tendremos en cuenta la contaminación lumínica. No
tiene sentido poner una farola con pérdida de luz hacia arriba ya
que lo que se quiere iluminar es el suelo y no el cielo. No es el
caso de las que están al ras del suelo enmarcando un camino, ya que
el nivel de iluminación es bajo y realmente cumple más una función
de señal que de iluminación. De esta forma, una buena elección no
sólo contamina menos sino que ayuda a iluminar mejor y también a
ahorrar energía y dinero. En zonas puntuales, como un área para
comer o la entrada a la vivienda, se pueden colocar reflectores
orientables preparados para exterior.
De pie o de
sobremesa Las piezas de cerámica, porcelana o cristal para
poner sobre una mesa de rincón o un escritorio son muy apreciadas
por su cálida iluminación y por su valor estético. Realzan rincones
y complementan la iluminación general. En el caso concreto en que
estén ubicadas en sitios de trabajo o mesillas de noche son
recomendables las orientables con una lámpara que proyecte una luz
blanca sobre el plano de lectura, que cansa menos la vista y
facilita mejor la actividad. Las lámparas de pie dan un toque
personal al ambiente, pero sólo se suele colocar una de ellas, por
el gran protagonismo que cobra dentro de la habitación.
De techo o de pared Hay infinidad de apliques
para techo y pared. Estos últimos devuelven la luz en todas las
formas que hemos visto al principio. Son una buena elección para la
zona de tránsito de los pasillos y para las paredes del salón. Un
modelo que revolucionó el mercado es el ‘donwlight’, (luz hacia
abajo), que permite iluminar perfectamente la zona requerida sin
deslumbrar cuando se levanta la vista. Son empotrables en los falsos
techos y las hay de diferentes diámetros y colores. También se
pueden mezclar con bañadores de pared en la misma línea. No hay que
caer en la tentación de sembrar el techo con luminarias de este tipo
con halógenos que no siempre iluminan más allá de las cabezas de las
personas y calientan demasiado. En el comedor sigue siendo práctica
y decorativa una de techo que cuelgue sobre la mesa.