Artículo del guía: Patricia Ferrari Comunidad de
Decoración de Temalia
Fecha de publicación: 19/11/2001
Lo que
denominamos luz es técnicamente algo complejo: entre las diferentes
longitudes de onda de la radiación electromagnética, que van desde
los 10-16 m hasta los 104m, el ojo humano tiene la capacidad de ver
una franja muy estrecha comprendida entre los 380 y los 780 nm. A
esa impresión que los rayos de luz reflejados por un cuerpo producen
en el sensorio común por medio de la retina del ojo le llamamos
color. En esta membrana interior del ojo se reciben las impresiones
luminosas y se representan las imágenes de los objetos. Es por eso
que sólo vemos siete colores y todos sus infinitos matices. Son los
que corresponden a cada porción de ese abanico. La distribución
quedaría así:
Tanto los
técnicos en iluminación como los decoradores hemos tenido siempre en
cuenta estos factores a la hora de iluminar. Los primeros, sabiendo
de qué manera imitar con la luz artificial a la natural, buscando
mejorar la reproducción de esos colores que ya saben que vemos. Y
los decoradores, teniendo en cuenta los aspectos físicos y
psicológicos que de ellos se desprenden. Luz y color van siempre de
la mano. Son la causa y la consecuencia de un mismo fenómeno: la
iluminación.
Los colores de Borges En cuanto a
esa ondas percibidas, la sensibilidad será baja en los extremos y el
máximo se encontrará en los 555 mm, donde se encuentra el amarillo.
Por lo que éste y su gama es el primer y último color que vemos.
Este es un dato que nos ayuda en la introducción al mundo del color
del bebé, en la decoración de su dormitorio, y también en la de
nuestros mayores. Pero no sólo se queda aquí el tema. No vale de
nada pintar las paredes de amarillo, o ponerle un bonito peluche de
ese color. O al abuelo dejarle una jarra amarilla sobre su mesita de
noche para facilitarle su encuentro, si luego al iluminarla lo
hacemos con una lámpara que no reproduce bien el amarillo y que lo
convierte en un color verdoso por ejemplo, que se aleja ya de ese
punto máximo de visión.
Como decía Borges: ‘‘Sé que he
perdido el amarillo y el negro y pienso en esos imposibles colores
como no piensan los que ven’’. O como recordaba Cabrera Infante:
‘‘Borges me miró con esos ojos que no veían más que las rayas
amarillas en el asfalto y se sonrió un poco’’.
Es aquí en
dónde entra a contar el factor del IRC (Indice de Reproducción del
Color) de las lámparas. Esta es una expresión general que indica el
efecto de la radiación emitida por una fuente de luz sobre el
aspecto cromático de los objetos que ilumina, comparando este
aspecto con el que presentan cuando se iluminan estos objetos con un
iluminante de referencia. Lo primero que tenemos que hacer es pensar
qué efecto queremos conseguir y por qué. Y luego buscar en el cartón
de embalaje de la bombilla las especificaciones técnicas para ver si
están dentro de nuestras necesidades. Y si estas son muy exigentes,
porque realmente nos gusta la iluminación y queremos sacarle el
mejor partido, lo mejor es acudir a un profesional en cualquier
tienda especializada del sector.